La risa conlleva múltiples beneficios tanto físicos como psicológicos, pero ¿cómo lo ponemos en práctica en nuestra vida?
Nuestro objetivo cotidiano no va a ser “obligarnos” a reír sin ningún hecho que lo haya motivado (algo que es muy sano y no tiene ninguna contraindicación), sino que trataremos de ir incorporando tanto la risa como la sonrisa a nuestra vida con estos sencillos consejos:
- Utiliza el sentido del humor: vivir con humor los problemas, saber reírnos de lo que nos sucede es una forma de afrontamiento de las adversidades. La risa nos proporciona un respiro y ayuda a que nuestro cerebro se centre y piense de manera más enfocada para buscar soluciones.
- Mantén una buena disposición durante tu día a día: fíjate en tu expresión facial. Intenta cambiar el gesto que muestras a los demás y que percibes de tí misma.
- Trata de sonreír a menudo: cuando alguien te abre la puerta, cuando te dejan pasar en un atasco, al encontrarte con vecino o al saludar a alguien por la calle.
- Habla con tus amig@s de temas agradables y comparte con ell@s situaciones de las que podáis reíros en común. Siempre es más agradable compartir unos momentos charlando de aspectos positivos y riéndonos que hablando exclusivamente de problemas o dificultades.
- Da rienda suelta a la risa. No te contengas, permítete reírte a carcajadas.
- Si te animas, puedes realizar alguno de los juegos que se realizan en las sesiones de risoterapia como hacer ruidos o sonidos detonadores de la risa. Con estos ejercicios se trata de aflorar la risa más profunda y experimentar todos sus beneficios.
La risa es la mejor terapia cotidiana, ¡ práctícala !
Alicia Jiménez Castellot
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